sábado, 6 de noviembre de 2010

Bolaño-Bernhard-Belluci. El trío.


Bolaño. Yo me acuerdo de Bolaño muchas veces a lo largo del día. Y sólo me he leído un libro de Bolaño. Y sólo le he visto una vez, y fue en Youtube. Y sólo le leí una entrevista cuando ganó un Herralde en nosequé revista. A Bolaño. Cuando el finalista fue Olmos, que es casi mejor que Bolaño pero que nadie lo reconoce porque es español y tiene un blog donde habla de su aversión por todo lo que le rodea. Y por eso supongo que escribe. Lo pienso y lo escribo. Pero me acuerdo de Bolaño mucho. Mucho, casi mucho demasiado. Tanto pienso en Bolaño que creo que el más allá debe existir porque si no, no pensaría tanto en Bolaño. Si pienso tanto en él es porque me adviene Bolaño entero hacia mí y quiere y viene a recordarme que él sigue existiendo: "Existo, piensa, piensa en mí, como si de una pompa (bubble) etérea se tratara".

Pero están todos equivocados; hasta Bolaño. Yo pienso en Bolaño porque viajo mucho por carretera. Viajar mucho por carretera aumenta las probabilidades de transitar por carreteras que aún no están terminadas. Autovías medio construidas, bandas sonoras que hacen crujir la suspensión de tu cuatro latas. Tengo un cuatro latas. En esas carreteras, en esas autovías medio construidas, colocan con cierta frecuencia unos muñecos que suben y bajan el brazo mientras sujetan un banderín rojo. El muñeco te advierte y sujeta aunque no sean verbos apropiados porque son inertes. Los hay con bigote pintado e incluso con gafas. Otros tienen el pene, que es un plátano atado, muy grande. Hay muchos muñecos así por estas carreteras de Andalucía. Pero cien metros después, ya no hay muñeco, dejan de existir los muñecos. Aparecen entonces las personas muy personas, chavales jóvenes, de veinte y casi treinta años que se tiran ocho horas con una señal en la que se lee la palabra STOP y por el envés, una flecha azul. A veces suben y bajan dicha señal e imitan al muñeco de la banana fuera del pantalón. Así ocho horas todos los días hasta que..., no sé, hasta que se ponen morenos o no soportan las miradas de tres mil automóviles diarios, de seis mil personas que piensan que si han nacido para estar ocho horas ahí, aguantando un banderín y una banana. Y dejan el trabajo. Y buscan otro trabajo donde pueden desarrollar mejor sus capacidad laboral: aplastar alquitrán con la suela de la bota negra de trabajador de carretera.

Pero yo quería contar esto porque cuando veo a esos muñecos y a esos hombres en la carretera desarrollando esos trabajos me acuerdo de Bolaño y de los trabajos que desempeñó Bolaño antes de ganar el Herralde. Trabajos de muñeco de carretera. Por ese motivo no subestimo nunca a nadie. Es de locos juzgar a las personas por el trabajo que desarrollan, por el trabajo que tienen para procurarse el sustento, el pan integral y las salchicas del Hacendado. Por ejemplo, el conserje del instituto donde cursé COU, era licenciado en Filología Clásica. Y era feliz y no es ninguna broma. Después, durante las dieciséis horas restantes del día, leía en latín, escribía en latín y colaboraba en una revista muy prestigiosa enviando los artículos en latín y en castellano. el abstract lo redactaba en francés; casi ná. Yo decía sólo olé. Pero era conserje sin peros pero hubo peros y el pero se lo puso... Bernhard, por ejemplo. Bernhard le puso peros a esta actitud para comer y beber vino tinto en las comidas. Ayer le leí otra cita donde desarrollaba toda su mala hostia:

"Todo trabajo, todo empleo me repelía profundamente, me asqueaba la estupidez de los trabajadores, de los empleados, veía todo lo que había de repugnante en los empleados y en los trabajadores, su absoluta falta de sentido y de finalidad. Trabajar, estar empleado, sólo para sobrevivir, eso me asqueaba, eso me repugnaba".

Ya no quiero escribir más. Ya no quiero escribir más de Bolaño. De Bernhard sí. Ya no me acuerdo de Bolaño cuando estoy delante del ordenador. Desaparece su consistencia en mis recuerdos. De Bolaño me acuerdo cuando circulo por algunas carreteras. Cuando estoy delante del ordenador sólo recuerdo la violación que escenifica y soporta Mónica Bellucci en una película que aún no he visto: Irreversible. Eso hace internet... ¿por dónde nos viola internet? Qué bruto es internet.

Porque el ordenador me distrae y me recuerda esa violación constantemente, porque el ordenador me priva de recordar a autores que merezcan la pena, leo en soporte papel y escribo sobre papel que ya quedó pintarrajeado por la otra cara por una impresora o por un chiquillo. Uso un bolígrafo Bic y pluma Parker. Y me rasco la cabeza con la mano derecha cuando la musa me hace estornudar.

Mi reducto, estas palabras son mi reducto.



PD: Las fotos sé que son buenas. La primera es de Nabokov escribiendo a lápiz: "It was love at first sight, at last sight, at ever and ever sight". En la segunda no soy protagonista: ¡lástima! (Nusch, Paul Eluard, Roland Penrose, Man Ray y Ady Fidelin, 1937 -en España, a tiros-)

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