domingo, 28 de noviembre de 2010

Hacer el gilipollas era una banda sonora

“We had two bags of grass, seventy-five pellets of mescaline, five sheets of high powered blotter acid, a salt shaker half full of cocaine, and a whole galaxy of multi-colored uppers, downers, screamers, laughers… and also a quart of tequila, a quart of rum, a case of Budweiser, a pint of raw ether and two dozen amyls. Not that we needed all that for the trip, but once you get locked into a serious drug collection, the tendency is to push it as far as you can.”
Hunter S. Thompson in Fear and Loathing in Las Vegas , 1972.

No sé qué escribir hoy. No lo sé pero he de escribir algo aunque no tenga sentido. Es tarde. Es muy tarde y he trabajado en la editorial hasta muy tarde. Hasta muy, muy tarde. Necesito matizar esto, que he trabajado hasta muy tarde. Trabajar hasta muy tarde es propio del ser humano, es propicio para el corazón del ser humano. No es propiamente dicho un consejo pero es propio del ser humano y es un hecho. Como la guerra. La guerra es un hecho. La Segunda Guerra Mundial fue un hecho. Como el régimen que se sostuvo en Alemania. Pero a mí me gusta más la Marsellesa. Con la Marsellesa gabacha han bailado gentes de todas las edades. Hay una película por ahí que se titula Empiezan los alemanes. Son risueñas esas películas. Hoy nos provocan risa y se ríen ellas mismas cuando se emiten. Hay películas que además de hacerte reír, se ríen ellas de sí mismas. Es algo con dosis de contrasentido, de paradoja. Ahora que recuerdo, ahora que caigo, no sé si la película se titula así o me he inventado el nombre por completo. No sé, miraré en Google si no ha reventado de tantas consultas. Es difícil acostarse un día sin haber consultado Google. Yo tengo un hermano que no usa ni el jabón. Bueno, no es hermano, más bien es un amigo que considero como hermano y que por designios de la vida, nos criamos juntos. Para bien y para mal, me he criado con una persona que a día de hoy no usa ni el jabón ni internet. Tampoco necesita Google, ni teléfono móvil. Hoy necesitamos todos a Google. Todos necesitamos a Google. Sin Google seríamos una mierda. Con Google hoy, todo el mundo es listo y muy listo, listo supino. Orson Welles hacía películas con 25 años. Yo, con 25 años hacía el gilipollas. Follaba mucho pero hacía mucho el gilipollas. Casi siempre estaba haciendo el gilipollas. Hacer el gilipollas era una banda sonora. Toda banda sonora en mi vida, en mi vida con 25 años era hacer el gilipollas. Orson Welles con 25 años hacía el gilipollas de otra manera, hacía el gilipollas haciendo cine, creando. Yo, sólo me picaba y follaba, eso sí. Supongo que Welles también, de otra manera, escena a escena. Con la carrera acabada parecía más gilipollas. No sé qué hizo Orson pero yo hice una carrera de letras que me tiene de tonto. La gente hace carreras de letras para acabar dando clase en un instituto si eres mediocre y en una universidad si eres menos mediocre pero todos, al fin y al cabo más o menos mediocres. Hoy no hacen falta profesores. Con libros, todo se suple y si no, fijaos en lo que hace un profesor hoy. Un profesor hoy, haya lo que haya estudiado, sólo se limita a repetir lo que viene escrito en un libro que hacen o en Madrid o en Barcelona. Eso hace hoy un profesor, repetir lo que publican en un libro. Por eso hoy te encuentras a profesores de Matemáticas impartiendo clases de Música y de Plástica. Es normal, es común encontrar en los centros de secundaria de España a profesores que son como loros que se limitan a repetir lo que viene en un libro. Tenía 25 años cuando llevaba dos en el paro, haciendo el gilipollas. Me arrepiento de no haber leído más a esa edad. A esa edad lo que hay que hacer es leer y escribir. Es lo que necesita una persona con 25 años: escribir y leer, o al revés. Ya no queda nada. Ya no queda nada para llegar al final de esta primera página. No queda nada, creedme. Os puedo resumir la geografía de Birmania si me dais cinco minutos pero no, no lo voy a hacer. Estoy viejo, quiero viajar a Sunset Boulevard y mirar por donde quiera y tocar lo que quiera y escoger la música que me da la gana. Todas estas últimas palabras son de relleno. No hay sentido en ellas. Leo, sigo leyendo y escribo todos los días gilipolleces como la que hoy he escrito y que simplemente me ha servido como ejercicio, como obligación que me ha impuesto mi fisióloga para recuperar la movilidad de los dedos tras el accidente que tuve la semana pasada con el automóvil en la calle La Violetera. Pensé ver a Chaplin y se me fue el coche, subí el coche encima de la acera y me hice mucho daño en las dos manos al taparme la cara y decir, gritar que no estaba soñando.  Adiós. Llegó el fin. 


La foto es de Hunter S. Thompson, para que lo sepas.

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