miércoles, 10 de noviembre de 2010

La funcionaria sólo sabía españó

Procedo de la biblioteca. Me parió al amanecer. Un día de 19setentayalgo. Sopla el viento y retumban los cristales. Los cristales están sucios y no dejan pasar la luz del día, ni la del sol. Hace cinco minutos venía de la biblioteca. Ahora estoy en casa. Allí, donde me dieron luz, hay una bibliotecaria a la que le he llamado la atención, como funcionaria que dedica ocho horas de su vida a pasar los libros que se lleva la gente por un lector láser. Hoy, esa funcionaria ha tratado con la punta del pie –según mi parecer y mi yo- a un extranjero que no es inmigrante sino negro como yo. Pero él de verdad. El extranjero le estaba ofreciendo la solicitud para obtener el carnet de esa gran biblioteca y así poder usar los servicios que todos los que trabajamos –mayormente- pagamos: internet, periódicos, WC, libros y niñas que estudian en la segunda planta del edificio ávidas de sexo con negros que quieren existir como son, que ya es bastante.


La biblioteca que frecuento es peculiar. No me desvío, ni la atención ni mi historia que no es historia sino una visión del mundo. Se escribe bien o mal pero si no tienes una peculiar visión del mundo no apuntas y si no apuntas no aciertas y si no aciertas, no comes, y si no comes, ¡mueres! La historia era esa, la de un pobre negro, extranjero y según la prensa inmigrante, que acudía a la barra donde dispensan libros gratis para obtener su carnet de lector. Esto ya lo he dicho. Lo repito. Érase entonces la funcionaria -que no teme que la despidan, que cobra y come todos los meses, que tiene una cama donde duerme y folla y un hijo que se inyecta heroína a escondidas- ha tratado muy mal al extranjero que apenas come, que no sé si folla y que tampoco tiene un hijo que se esconde de él cuando se mete el pegamento en las narices. La función de la funcionaria ha consistido en dar por culo al extranjero dificultándole como sabía y podía el proceso para que pudiese obtener el carnet. Qué hija de puta. Como come y folla...


Hasta que se me han inflado los cojones. Era el siguiente en la cola. Divisaba con privilegio la función. ¡Empecemos!, -me decía. 


Y le he dicho: "Señora, es extranjero y NO está entendiendo lo que le está diciendo”. Y se calla, la funcionaria se calla ante el ciudadano, ante mí y ante el extranjero. El funcionario es vano y banal por naturaleza casi siempre. El funcionario siempre se calla por prudencia y temor, vaya a jiñarse. 


En ese momento no me ha quedado más opción que usar mi buen francés y mi mejor inglés para explicarle al extranjero qué sucedía. El extranjero sabía inglés y francés y senegalés. La funcionaria, españó. Esa hija de puta sólo sabía hablar españó. Esa funcionaria, que hoy le ha salido del coño  tratar así al trilingüe extranjero, desayuna todos los días, se va todos los días con la que entra con ella al baño al bar Minutero de Reloj a las 9:56. Y escrupulosamente mastican durante treinta justos minutos la tostada de mantequilla con miel. 


Hoy, no. Hoy me ha invitado a desayunar porque le he amenazado. Le he dicho que la próxima vez ¡saltarán las puertas de su quicio!

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