jueves, 25 de noviembre de 2010

Porque quiero que Kafka descanse de una puta vez







Sólo los sinvergüenzas son discretos, decía Goethe. Y los que alquilan sus textos para que otros los dispongan en diagonal. El tiempo que se invierte en contar desgraciados es directamente proporcional al tiempo empleado en desarrollar una futilidad. Defina futilidad. Uno, dos, tres -cuento desgraciados-. Esto es lo que ocurre cuando entras muy rápido en una curva: el automóvil se desliza y por pura fuerza centrífuga, la máquina sopla y expira: ¡crack!


Hay un segundo al día en que te sientes capaz de volar como hacen los escarabajos en las noches de agosto aquí, en el sur. Y en el norte, supongo. Como hacen los escarabajos negros y gordos.  Existe un segundo de incapacidad para respirar. Al día existe ese segundo, yo lo he contado y lo he elevado al cuadrado. Persiste. Un segundo al cuadrado sigue siendo un segundo. No ha lugar ninguna transformación, ninguna implementación, menos ningún enganche. No cópula. En latín es sin tilde. Sine copula.


307 kilómetros es una cifra redonda. Tengo un coche que consume 18,7 litros de gasolina cuando hace 307 kilómetros a una velocidad media de 68,7 km/h. y con un consumo medio de 6,2 litros cada cien kilómetros recorridos. No soy físico pero la ciencia enciende mis pilotos de posición. Me da vidilla.
Había buscado un nombre para este blog y mientras lo encuentro o no lo encuentro, creo que voy a bautizarlo como El jinete del cubo no copula. Es el título de un relato de Kafka. ¡Oh, Kafka! Otro con Kafka, lavirgen, qué pesados. Kafka sabía tan bien titular que aprendo de él. Kafka sería capaz de narrar toda la extrañeza y el desamparo que me produce no tener claro qué nombre tengo que darle al blog. Por eso, porque quiero que Kafka descanse de una puta vez voy a titular el blog así.


Mañana os cuento, si saco tiempo, de qué va el relato.

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