viernes, 12 de noviembre de 2010

En la espera está el motor


Mi pasión por la escritura surgió mientras esperaba en un taller mecánico. Las palabras que siguen en este texto son resultado de aquella pasión. La pasión se ha perpetuado y demanda diariamente al menos cinco minutos de papel y tinta, de teclado y pantalla, de imaginación, al fin y al cabo. La escritura sólo es imaginación, le pese a quien le pese. Alan Pauls dice que la escritura no sólo es contar historias. ¿Qué es entonces? ¿Experimentar con las palabras? Vale, también. 

En los talleres el concepto de espera se agranda. La espera es un componente que no podemos olvidar cuando hablamos de talleres mecánicos. 

En un taller mecánico no se escribe, se reparan máquinas. Se sustituyen y se reemplazan piezas inservibles, viejas y muy usadas por otras que llegarán a serlo algún día. En un taller mecánico se escuchan sonidos no habituales; martillazos que persisten en el espacio y que calientan -en estas frías mañanas- los tímpanos. Ahora veo un rodamiento con los que en mi infancia usaba como ruedas de un carretón. El carretón. Siempre me ha chiflado ese vehículo. Vehículo hecho a mano, con trozos de madera, tornillos y rodamientos que hacían de ruedas que se desplazaban sobre las aceras muy rápido. El rodamiento apenas tenía rozamiento, rueda y no roza, roda sin roza. Era inseguro pero rápido. Trabajar la velocidad con rodamientos era simular por aquel entonces a los mejores mecánicos de Fórmula 1. 

Tenía cita a las nueve de la mañana en los talleres Couñero. Los talleres Couñero están regentados por Fabián Couñero, que es un ingeniero al que siempre le había fascinado la mecánica de los motores diésel e invirtió todos sus conocimientos en reparar motores diésel, en mantener motores diésel y en fabricar los nuevos motores Couñero que se usarían en la próxima temporada de Fórmula 1.

Allí estaba yo, esperando a que revisasen el motor diésel del vehículo que uso como herramienta de trabajo y como herramienta de enamoramiento. Sí, enamoro a muchas chicas en el vehículo que la empresa me presta. Las enamoro y me enamoro. Después ya sabe todo el mundo lo que sucede. Es la canción de Loquillo repetida cincuenta y dos veces al año. Suelo enamorar a cincuenta y dos mujeres al año. Sólo me follo a veinte. En el vehículo, claro. No es lo mismo hacer una cosa que la otra. No es lo mismo llevar el coche al taller para que lo revisen que dejarlo allí porque está averiado. Con las mujeres que enamoro en mi coche de empresa suele suceder lo mismo. No es lo mismo enamorarlas y enamorarse que sólo follarlas. Ambas son actividades que me producen placer pero ¿a quién no le provoca gustirrinín enamorar y follar mujeres? ¿A tí quizá, querido lector? Si no sientes gusto será porque eres muy maricón o eres mujer. Al hombre le gusta hacer lo que más arriba he contado. 

Las esperas en el taller se pueden convertir muchas veces en esperas eternas. Escribir esperas eternas es como amasar el concepto de espera con mayúscula. Así: Espera. Espera y no te aburras. A estas alturas te estarás preguntando de qué va este relato. Si es verídico o es una ocurrencia del autor del mismo. Soy autor de muchos textos, de demasiados textos y tras varios días de reflexión he decidido contar aquí qué es para mi la vida. La vida no es nada. Sí, perdón, la vida es esperar. La vida es como esperar a que te arreglen el automóvil en un taller mecánico donde trabajan seis mecánicos de los cuales cinco se dedican incansablemente a atender el teléfono para pedir bombas de gasolina, válvulas y demás componentes necesarios e imprescindibles para llevar a buen puerto la reparación. Sólo uno repara. Hay cinco gestionando el taller y sólo uno repara, sólo uno se coloca debajo del coche y cambia el aceite y revisa los discos de freno y comprueba que las luces de freno resplandecen como linternas en la oscuridad. Sólo uno y así lo cuento y así lo escribo ahora que estoy hablando de las esperas que demasiada gente a lo largo del día tiene que acometer en sus ciudades sobre sus vehículos cansados y rodados. 

Y esperas porque he de rellenar la pluma de tinta. Se ha terminado justo en el momento en que iba a describir qué he hecho durante las dos horas que he estado esperando a que revisasen mi Renault Laguna. 

1 comentario:

Capitán Pollotriste dijo...

En Puerto Rico esperamos a Florinda Chico.